GUÍA DE PRÁCTICA

Una idea, con tus palabras.

No se trata de hablar perfecto. Se trata de descubrir qué has entendido de verdad.

1. Elige algo que no conozcas

Saca un tema al azar. Si ya lo conoces, descártalo y prueba otro. Si usas una lista propia, escribe conceptos concretos que despierten tu curiosidad.

2. Investiga con un límite

Diez minutos es un buen punto de partida. Busca una definición sencilla, contrasta dos fuentes fiables y apunta un ejemplo y una limitación. No uses chatbots ni resúmenes automáticos.

3. Cierra las notas

Haz una pausa. Respira. El reloj de la explicación no empieza solo: pulsa cuando estés listo. Apóyate en tres preguntas: ¿qué es?, ¿por qué importa?, ¿dónde se ve?

4. Explícalo a alguien imaginario

Habla como si se lo contaras a una persona curiosa que no conoce el tema. Si te atascas, reformula. Puedes grabarte, escucharte y descargar el audio localmente.

5. Vuelve a las fuentes

Comprueba los puntos que dudabas. ¿La definición era precisa? ¿Usaste una prueba o una opinión? ¿Explicaste la jerga? ¿El ejemplo ayudaba? Nadie te pone nota.

¿Y si hoy quieres improvisar?

Elige Improvisación. Puedes preparar unas ideas o empezar directamente. Usa las pistas: ¿qué?, ¿y qué?, ¿y ahora qué?

Ponerlo en práctica →